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[OPINIÓN] Las huellas de la guerra en Irak

 

  Por:  Rafael Eduardo Micheletti * 

22/12/2011 - 01:37   

 
 
 
Embajada de EEUU en Irak - Imagen: Wired.com
 
     

La Guerra de Irak ha tenido profundas consecuencias y trastornos para los iraquíes. Alrededor de 100.000 civiles muertos, millones de dólares en pérdidas por destrucción, familias desarmadas, promesas incumplidas. Por su parte, para el pueblo estadounidense la guerra no ha significado ninguna mejoría. Saddam no era una amenaza verdadera para los Estados Unidos, o por lo menos no era una amenaza mayor a cualquier otra dictadura del globo. A su vez, al costo en vidas estadounidenses se le suma un formidable costo económico que ha sido nada menos que una de las principales causas del actual endeudamiento y retroceso económico de Estados Unidos. Entonces, ¿Qué pudo haber motivado una guerra que no ha beneficiado a nadie de manera inmediata y actual?

Los llamados “anti-imperialistas” apuntarán seguramente contra el petróleo iraquí. Ahora bien, el petróleo seguirá en manos de los iraquíes, quienes se lo seguirán vendiendo a precios internacionales a los países desarrollados, entre ellos Estados Unidos. Cualquier tipo de aumento del acceso de Estados Unidos al petróleo iraquí se vería fuertemente contrarrestado por los ingentes recursos que han sido invertidos en la guerra. Por demás, geopolíticamente la guerra ha significado un revés, o por lo menos un riesgo, para los norteamericanos, puesto que una dictadura sunita ha sido reemplazada por un gobierno formal y rudimentariamente democrático dominado por los chiitas, muchos de los cuales simpatizan e incluso gozan de protección por parte del gobierno iraní, verdadera amenaza regional para los intereses estadounidenses y de sus aliados.

Otra razón a la que podrían apuntar los antinorteamericanos es que la causa de la guerra fue simplemente “corrupción” por parte de la administración Bush. No se trataría de un plan maléfico para fortalecer la preminencia de los Estados Unidos sobre el mundo, sino de un arrebato del presidente para engrosar las arcas de las empresas petroleras vinculadas a su gobierno. Esta tesis, sin embargo, no goza de fundamento ya que ningún opositor a Bush -y muchos son los que tendrían ganas de poder hacerlo- ha denunciado episodios de corrupción en este sentido. Tampoco el gobierno demócrata de Barack Obama ha revelado pistas o indicios para avanzar en una investigación de este tipo, como sí lo ha hecho, por ejemplo, con el tema de las torturas.

Quizás nadie mejor que Obama para explicarnos qué fue lo que realmente llevó a los Estados Unidos a la guerra contra Saddam Hussein. Siendo senador, y luego de haber apoyado el compromiso militar estadounidense en Afganistán, Obama dio un discurso visionario en 2002 frente a manifestantes anti-guerra, donde dijo: “No me opongo a todas las guerras. Y sé que en esta multitud que nos acompaña hoy, no hay escasez de patriotas, o de patriotismo. A lo que me opongo es a una guerra estúpida. A lo que me opongo es a que esta administración siga su propia agenda ideológica independientemente de los costos en pérdida de vidas y en sufrimientos que tendría esa guerra. A lo que me opongo es al intento por parte de politiqueros como Karl Rove para distraernos de un aumento en la tasa de pobreza, una caída en el ingreso medio, para distraernos de los escándalos corporativos y de un mercado de valores que acaba de pasar por el peor mes desde la Gran Depresión.”

Evidentemente, para Obama la causa de la guerra era “ideológica” y “política”, en el mal sentido de esos términos. Se trataba de un gobierno que creía en la indestructibilidad y omnipotencia del Estado estadounidense, que pensaba que podía invadir y rearmar un país entero sin grandes consecuencias y al mismo tiempo incentivar el patriotismo estadounidense para poder seguir diseñando unilateralmente el mundo según su imaginación.

Obama, marcando el final del retiro de Estados Unidos de Irak, recordó el "pesado costo" de la guerra, y dijo que los estadounidenses deben aprender las lecciones de una guerra que generó duras divisiones en el mundo entero. "Es más difícil poner fin a una guerra que iniciarla", declaró el presidente, quien hizo de la finalización responsable del conflicto el centro de su compromiso político. "Finalmente, todo lo que las tropas estadounidenses han hecho en Irak -combatir y morir, sangrar y construir, entrenar y compartir- nos ha conducido a este momento de éxito", aseguró el comandante en jefe estadounidense.

Es cierto que Estados Unidos ha llevado algunos beneficios, o por lo menos oportunidades, a los iraquíes. Después de todo, hoy tienen una Constitución democrática y un gobierno votado en las urnas. Estados Unidos tiene su interés estratégico en Medio Oriente en gran medida atado al desarrollo y éxito de la sociedad iraquí, con lo cual su compromiso y apoyo seguirán en el futuro. Es cierto también que las dictaduras férreas como la de Saddam seguramente siempre requerirán de guerras para ser desalojadas, y que sea la guerra civil o extranjera habrá muertes trágicas e injustificadas de todas formas. Es muy cierto, sin dudas, que en un mundo cada vez más interconectado e interdependiente no hay excusas para que los pueblos sean ajenos al sufrimiento de pueblos hermanos por el sólo hecho de encontrarse éstos “más allá de la frontera”. Pero todo esto no prueba que la Guerra de Irak haya sido justa y oportuna, como quiso hacerlo ver Bush.

Finalmente, Obama cumplió con su promesa. Retiró las tropas y le puso fin a la guerra lo antes posible. Como lo había dicho durante la campaña que lo llevó a la presidencia, trasladó el foco de la guerra antiterrorista de un campo de batalla inventado al que, para él, siempre fue el verdadero campo de batalla: Afganistán. En consecuencia, la Guerra de Irak sólo significó una enorme cantidad de pérdidas humanas y económicas para Estados Unidos y para los iraquíes, a cambio de un Irak un poco más libre y democrático, que tiene un camino para nada sencillo por delante pero que por lo menos tiene la oportunidad de comenzar a diseñar un destino autónomo.

 

* Estudiante avanzado de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) interesado especialmente en el derecho y la política internacionales. Columnista de varios medios y de www.democracialibreya.blogspot.com. Becario de la organización Fulbright y de la Fundación Friedrich Naumann Stiftung fur die Freiheit para asistir a cursos y seminarios en Estados Unidos y Alemania. Contacto: rmicheletti@observanto.net.

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